Corre

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Orieke tiene miedo, no sabe qué es lo que le espera tras esa valla. Muchos están como él, temblando, sin saber qué hacer, cómo reaccionar ante la gesta que están a punto de realizar. De su valentía dependerá su futuro y probablemente el de su familia. Orieke forma parte de los individuos mejor preparados de su país, llegar hasta allí no ha sido fácil. Ha pasado muchos obstáculos que nadie sabe, su salud se ha visto perjudicada en numerosas ocasiones, esta es su última oportunidad. Junto a él hay cinco africanos más con la misma ansia de pasarla.

Llegan a visualizar cómo lo harán: rápido, silenciosamente, sin fallos. Cualquier error puede apearles de un futuro soñado por todos y conseguido por muy pocos. Besar la gloria está a tan solo unos metros de distancia, a escasos minutos de empezar. Están semidesnudos, agazapados, esperando la señal para saltar la valla. Antes de empezar se oyen unos pequeños susurros, son los amigos y compañeros que dejan atrás. Apuestan sobre quién lo conseguirá primero. Se escucha un disparo, pero tranquilos, nadie resulta muerto o herido, sólo anuncia el inicio de la competición más importante de sus vidas.

Conferencia de Roberto Casati sobre la saturación digital

Photo credit: <a href="http://foter.com/re/f95b18">Foter.com</a>


Llevo algunas semanas sin publicar nada en mi blog y no es porque haya dejado de escribir en todo este tiempo, podría decir que incluso he mejorado mis hábitos y estoy escribiendo más asiduamente. El problema es que lo estoy combinando con otras actividades que me quitan el tiempo para corregir mis textos.

Uno de los eventos a los que asistí esta semana por ejemplo, fue una charla titulada Contra la saturación digital. Debates sobre el futuro del libro. Se trataba de una charla enmarcada en los actos alrededor del libro que el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB) lleva organizando durante este año. Me pareció una buena excusa para aprender más sobre este instrumento tan valioso para la cultura. El evento se dividía en dos partes: la primera, que es la que os contaré, era una charla del filósofo italiano Roberto Casati y la segunda, un debate con los escritores Jordi Puntí y Sílvia Soler.

Roberto Casati ha escrito el libro Elogio del papel: contra el colonialismo digital. Su preocupación o interés (depende de cómo se mire) por el porvenir del libro vino a ráiz del nacimiento de sus hijos. Desde su punto de vista la tecnología ha revolucionado nuestra forma de vida, pero su aplicación práctica en los diferentes ámbitos ha sido muy dispar. Un ejemplo de éxito es el caso de la fotografía que ha experimentado un boom gracias a los smartphones y a las redes sociales. En cambio, un fracaso sonado es el del voto electrónico que se ha estado asociando con casos de manipulación. 

Según algunos estudios, el ser humano necesita invertir alrededor de dos mil horas para aprender a leer. Se trata de una de las agresiones más grandes que se realiza al cerebro. La sociedad apuesta por una gran inversión en este sentido y más tarde esta crea demandas de lectura. Desde el punto de vista del filósofo italiano, el factor familiar a veces no es suficiente, es decir, no siempre ocurrirá que te convertirás en un gran lector  si tus padres lo son. La escuela debe ser la gran factoría de lectores.  Piensa que se destinan insuficientes horas a la lectura en el colegio. A la vista está que esta actividad ayuda a la creación de emociones y a la empatía, sobre todo si lo que se lee son textos de alta complejidad.

En cuanto al eterno debate del libro en soporte papel o digital, Roberto Casati apuesta totalmente por la primera opción. Dice del libro en papel que permite fijar la atención del lector y que sirve para recordar lo que hemos leído. ¿No os ha pasado que os acordáis exactamente de aquella palabra o frase que se encuentra en la página par en la esquina superior derecha?

Otro de los puntos que expone es que cuanto más nativo digital es una persona más multitarea es. En su forma de concebir las cosas el concepto multitarea no existe ya que hay actividades dentro de ese multitasking que ya realizamos insconscientemente. Los cambios de actividad lo que realmente provocan son un enorme consumo de tiempo y energía. Casati aboga por realizar una tarea a la vez. Habitualmente las personas que realizan multitarea son personas que se distraen mucho y que tienen dificultades para cumplir con aquello que se les pide.

Me gustó mucho un símil que mencionó relacionado con los barcos de vela y el soporte en papel. Todo el mundo pensaba que desaparecería el barco de vela tras el descubrimiento del petróleo. Está claro que ahora el número de barcos de vela ha disminuido, pero hoy en día siguen siendo muy útiles. Es más, se realizan grandes inversiones tecnológicas, para hacerlos más rápidos, e incluso en lugares lejanos de difícil acceso las pequeñas embarcaciones movidas por el viento abastecen a poblaciones remotas. Defiende la coexistencia del soporte de papel y el digital como medios para difundir la literatura.

Por último os comparto un par de links interesantes que Roberto introdujo al inicio de su charla y que creo que pueden ayudar a visualizar el momento en que el libro se encuentra:

  • Spritz Reading es una web que ayuda a leer progresivamente a una velocidad cada vez mayor hasta conseguir el objetivo de setecientas palabras por minuto. Su mecanismo es fácil. Cada palabra tiene una letra marcada en rojo de forma que el cerebro asocia cada palabra con una letra del abecedario. Hay que añadir que nosotros no movemos los ojos para leer con este sistema sino que es la palabra quien lo hace economizando nuestro esfuerzo.  Según Roberto Casati serviría para la lectura del quince por ciento de los textos aunque no detalló las características que estos debían cumplir.
  • Nos mostró una escena de la película La télévision l'oeil de demain. Os invito a que la miréis porque se trata de un film muy visionario. En la película se creía que acabaríamos viendo imágenes en un dispositivo portátil (televisión) cuando lo que realmente hacemos hoy en día es leer contenido (móvil)
  ¿Pensáis que ya ha llegado la gran revolución al mundo del libro? ¿Cómo véis su futuro?


Charla sobre la mujer en la India con Deepti Golani

Photo credit: xenophobe101 via Foter.com / CC BY-SA

El martes pasado a acudí a una charla sobre la mujer en India a través de la literatura el cual se realizó en el Centro de Atención e Información a la Mujer (CAID son sus siglas en catalán). India es un país que como ella bien introdujo no puede verse como parte de un elefante sino como el elefante entero. Se trata de un lugar en el que habitan unas 451 millones de mujeres estando, por lo general, en inferioridad numérica respecto a los hombres.

Una anécdota que explicaba Deepta es que en las noticias se informaban de sospechosos accidentes domésticos en que mujeres morían por explosión de gas o cosas parecidas. Decía algo como <<qué casualidad que sólo mueren las mujeres de los maridos, nunca las suegras>>. Esto es algo que sin duda me hace pensar que no todo es lo que parece, hay que investigar más allá de la noticia para saber lo que se esconde detrás de ella.

El papel de la mujer dentro de la sociedad es múltiple. Ella es madre, hermana, hija, tía, sobrina, nuera... De todos los roles, el papel femenino más importante que interpretarán en sus vidas es el de madre ya que toman decisiones importantes en la familia por ejemplo, decidir con quién se casarán sus hijos e hijas. Lo triste es que la mujer en esta nación y en muchísimas otras no son mujeres, no tienen aquella independencia económica y aquel apoyo moral que necesitan y se merecen. Un ejemplo muy clarificador es que una mujer cuando se casa pierde su identidad, adopta el apellido del marido e incluso es posible que se cambie de nombre.

La tasa de alfabetización femenina es de un cincuenta y tres por ciento. Un claro ejemplo de esto es un antiguo proverbio indio que dice educar a una niña es como regar las plantas del vecino. India es un país de grandes contrastes en el que podemos encontrar casos como el Kerala que cuenta con casi un 100% de alfabetización. Una mujer educada por ejemplo es temida por su suegra ya que es probable que tenga ideas contrarias a lo que la otra pueda pensar. Una mujer soltera y con hijos es una mujer sin futuro en esta sociedad.

Deepti Golani nos recomendó a las asistentes leer este par de libros para acercarnos un poco más a la realidad de la mujer en su país:
  • Ladies coupé de Anita Nair (que en español se titula El vagón de las mujeres). Relata la experiencia de seis mujeres indias que se encuentran dentro de un vagón de tren. Cada una de las protagonistas de la novela lucha a su manera para conseguir ser mujer sin importar su condición social. El hecho real que hay detrás de esta historia es que todavía existen vagones exclusivos para mujeres en el país. Claro, os podéis imaginar el montón de cosas que pueden suceder dentro de él: le sirve a una mujer como terapia ya que habla con las demás ocupantes, otras mujeres les venden comida o productos que pueden ser de su utilidad y utilizan esos tiempos muertos también para por ejemplo, limpiar la verdura.
  •  The namesake de Jhumpa Lahiri (en español El buen nombre). Un matrimonio concertado decide cambiar de vida y dejar su Calcuta natal en busca del sueño americano. Allí conocerán los contrastes culturales que les imposibilitan tener una vida típicamente normal. 
Espero que esta entrada os anime a leer este par de novelas, a acercaros un poco más a la cultura india o quién sabe si a viajar a este país próximamente. ¿Habéis estado en contacto con esta cultura? ¿Cuál es vuestra experiencia?

La peluca de Blessing Okagbare



Esta mañana me he despertado con la noticia de que a la atleta Blessing Okagbare de Nigeria se le ha caído la peluca al realizar uno de los intentos en salto de longitud en la competición de la Diamond League celebrado en Oslo este pasado jueves. En un inicio la historia me ha parecido curiosa hasta tal punto que lo he compartido por Whatsapp, pero después de minutos mi cabeza ha empezado dar vueltas alrededor de esta anécdota.

Como gran fan del atletismo que soy, conozco la trayectoria de Blessing y sería imposible resumirlo sin dejarme ninguna medalla importante en el tintero. Se trata de una de las atletas africanas más laureadas del momento tanto en cien metros lisos como en salto de longitud. La pena es que a partir de ahora se la conozca como la chica de la peluca. Nadie sabe los sacrificios personales que ha realizado para estar donde ahora está y a cuánta gente ha dejado en el camino para perseguir su sueño. Ahora bien, en nuestro subsconsciente quedará grabado que se le cayó el pelo postizo. Ella misma publicó en instagram el vídeo del salto con el comentario it is what it is

Las risas han sido muy generalizadas (incluso yo me he reído) pero hay que preguntarse ¿por qué nos hemos reído? Ella tras el salto no hizo ninguna mueca, simplemente esperó a que los jueces midieran el salto para recoger su peluca y ponérsela de nuevo. A nosotros de pensamiento occidental nos hace gracia que alguien lleve pelo postizo ya que pensamos que sólo los calvos llevan peluca. En África llevar este atuendo es de lo más normal ya que en su imaginario se les ha introducido la idea de que la belleza perfecta es aquella con piel clara y cabello liso. Qué casualidad que los que más se ríen de lo que le ha sucedido a Blessing son aquellos que en el pasado les introdujeron ese pensamiento a base de desprecios, insultos y superioridad. Ella sólo está siguiendo los cánones de belleza impuestos desde hace algunos siglos por los colonizadores ingleses que llegaron a Nigeria. Por suerte, tras este pequeño percance también he visto muestras de apoyo hacia a la atleta en forma de comentarios como con o sin peluca eres preciosa, amamos tu pelo natural también.

De todo esto, saco la conclusión siguiente: ¿qué más da cómo lleve el pelo? Es una atleta profesional y competir es su trabajo, seguramente entrena unas seis horas al día sin contar el tiempo que pasa en la camilla del fisio, médicos y actos publicitarios. ¿Qué tiempo tiene para cuidar su pelo natural cuando más de la mitad del día está haciendo ejercicio? La única opción que tiene es cuidar su cabello con estilos protectores y uno de ellos es el uso de pelucas. 

Hay que darle normalidad a todas las formas posibles que una mujer tiene de lucir su cabello porque forma parte de nuestra libertad. Reírse de la elección de una cuando tú mismo lo has impuesto en el cine, la moda y la publicidad pienso que es bastante deleznable. Me he sorprendido al ver que la misma IAAF (la federación internacional de atletismo) en su canal de Youtube ha colgado el vídeo, cuando su función debería ser promocionar el deporte y no este tipo de anécdotas que no llevan a ningún sitio.

 En fin, lo importante es que ella se lo ha tomado bien y que anécdotas como estas seguirán habiendo, pero lo que debe cambiar en nosotros es no limitarse a reír la anécdota sino ir más allá y comprender el trasfondo de las cosas.

Las 7 cosas que he aprendido leyendo Matadero – 5 de Kurt Vonnegut

Ejemplar de la novela en su versión en catalán

Hace unas semanas acabé un libro que me sorprendió inesperadamente. No suelo leer libros de ciencia ficción, pero en este caso lo hice para complementar el curso que estoy realizando de escritura, Escritura Creativa: Fundamentos de la narración, que imparte la Uned a través de su plataforma online. Se trata de un libro que la profesora recomendó para complementar las clases. 

Fui a buscarlo a la biblioteca ya que estaba disponible aunque fuera únicamente en catalán. En él se narra su experiencia vivida en la ciudad alemana de Dresden que fue bombardeada durante la Segunda Guerra Mundial. Tras leer detenidamente llegué a estas siete conclusiones sobre esta novela que a mi forma de ver es esencial en cualquier colección:

  • Me pareció increíble el siguiente dato que aporta la novela: el número de muertos en el bombardeo que sufrió la ciudad de Dresden fue superior a la producida por la bomba nuclear en Hiroshima. Se trata de la peor matanza de este pasado siglo veinte.

  • Es posible mezclar realidad y ficción en una misma novela. En este caso la técnica se plasma en la creación de un protagonista que viaja a través del tiempo y del universo. 
     
  • Una historia bélica pueda sacarte una sonrisa. Hay distintas formas de enfocar un hecho: de forma dramática (lo cual sería entre comillas la forma más fácil de relatar) o dándole una vuelta de tuerca al suceso. Como bien decía la contraportada del libro, esta es una novela que no nos hará llorar. 
     
  • La historia personal de la novela es descrita desde los ojos de un personaje que no tiene por qué ser uno mismo. En este caso Kurt Vonnegut utilizar a Bill como su alter ego para transmitir lo absurdo de la guerra.

  • La novela transmite el sentimiento de caos y desconcierto a través de viajes en el tiempo del personaje hacia adelante y hacia atrás (muchas veces sin avisar).

  • El lenguaje sencillo de la novela le da velocidad a la narración, como si las situaciones en realidad pasaran rápido, casi sin ser uno consciente de lo que le rodea. Se puede crear un buen libro con un mensaje sencillo, claro y directo.

  • Escribir desde el corazón no siempre es fácil. Muchas veces, para relatar una experiencia propia que nos ha marcado necesitamos repasar las ideas que rodean la situación y esperar hasta que nuestra voz interior nos diga que es el momento para explicar lo sucedido.
Y vosotros ¿habéis leído esta novela o cualquier otra de Kurt Vonnegut? ¿Qué os ha parecido su forma de narrar los hechos?
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The giant cat

Photo credit: Foter.com

Sam was an extraordinary animal. He was the king of the streets, the other kitten were afraid of him. No one could approach him. Everybody was scared of his manners. He used to walk silently so the rest could not greet him or ask him a favor.  He didn't even had time for romance. He was thirteen and never met a female. The last time another cat saw him in good company was when he was sent to the vet. Sam was feeling very low after eating too many mouses fro Molly Peterson's house. Robert was fortunately there to notice that something was going wrong with his friendly pet.

Many years after, amazing Sam was still standing there on the front door watching the days go by. What could he do? He was only a furry animal, losing hair,  with determination and sensitivity.

—Stop! Get away of the chemney!— Robert would shout at Sam walking around the fireplace trying to desmitify the fire.

—Prrrrrrrr...— translated into our language Sam's response was something like 'I can survive to this little shit!'.

He was convinced that he could beat that natural element. He wanted to prove to the cat community that no one was invincible but him. The rest would have to bow every time they met him as a personal greeting for someone who deserved eternity.

But there was a lesson who missed when he attended the School of Cats. Cats only have seven lives. Sam was told another version of this animal myth in order to live his lives as he ought to. His parents Sam and Beli told him that he had every single day seven attempts to show to the community the best of him, showing all the things he was able to do. That was the method his parents invented to stay focused on what they told him to do. And that mantra became his way of life: Sam made their dream come true he overcome his handicap. He was a three legged cat.


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Quince días

 
Un calor sofocante me bañaba en sudor tras a penas salir del aeropuerto. Ya nada me podía sorprender por hoy (o eso pensaba yo). Nunca antes había realizado un viaje tan largo. Veinte horas de vuelo efectivas constataban la dureza del recorrido hasta llegar a Filipinas. Mi corazón palpitaba como hacía tiempo que no lo hacía, un nerviosismo se apoderaba de mí consciente de que iba a conocer a personas que hasta ese momento sólo eran un mero nombre. Cuatro personas vinieron a recibirnos: un hermano y una hermana de mi madre, una sobrina y él hijo de esta. Se situaron en primera línea dejando atrás a una multitud que también esperaba reencontrarse con los suyos. Pude ver el cambio de expresión en sus caras al vernos a mi madre y a mí. Los cuatro y mi madre se enfundaron en un gran abrazo que todavía recuerdo como si fuera ayer.

Algo en mí decía que el viaje había llegado a su final pero esa idea estaba muy lejos de la realidad, todavía me quedaban 9 horas intensas de autobús hasta finalmente llegar a Pidigan, el pueblo de mi madre. Era de noche por lo que no podía apreciar mucho el recorrido, me daba la sensación de que íbamos lentos aún siendo los únicos que circulábamos por la carretera. En el camino tuve mi primer choque cultural: el autobús hizo una parada en un local que contaba con servicio. Al entrar en el primer lavabo libre que había cerré la puerta y me di cuenta que podía ver a la gente que estaba allí fuera esperando su turno. Me pregunté si podían verme a mí también. La altura de las puertas era baja, ajustándose a los estándares filipinos. Claro, para mí, que mido un metro sesenta y siete no estaban adaptados.

Nos bajamos sobre las 7 de la mañana en un cruce de dos carreteras con nuestras maletas y allí nos esperaban dos vehículos llamados tricycle. Eran motocicletas de poca cilindrada unidas a unos sidecars de color verde bastante diminutos. Nos subimos a ellos y continuamos el camino de apenas diez minutos. Se pararon en una casa con tejado verde y en él habían varias personas mirando con aire de curiosidad en la terraza. Todos ellos eran de mi familia. No podía creer que hubiera tanta gente allí esperándonos. Me senté en los bancos que habían allí, pensando que habíamos estado viajando un día y medio para ver esas caras que hasta el momento no conocía. Ahora tocaba aprender sus nombres y conocer el vínculo que me unía a ellos: el saber por qué todos decían apellidarse Palino. La tarea era ardua ya que a parte de nombre todos tenían uno o varios apodos que dificultaba mi comunicación con ellos.

Partía a priori con la ventaja de conocer la cocina del país y tenía curiosidad también por comer cosas nuevas. Las excursiones que realicé con mis primos adolescentes fueron un gran descubrimiento para mí. Conocer los vastos y fértiles terrenos de la zona sin protecciones que delimiten el terreno de uno y de otro fue una maravilla. Árboles verdes y floridos aliviaban el camino del calor sofocante y nos servían de alimento. Recogíamos mangos, cocos y semillas que consumíamos al momento o que guardábamos para el almuerzo o la cena, pero también obteníamos refrescos y meryendas de los vecinos de la zona que nos brindaban su hospitalidad más absoluta incluso cuando no tenían casi nada que ofrecer. Envidio su forma de vida, su amor y respeto por la naturaleza y su dualidad de creencias que incluyen el cristianismo más acérrimo y la beneración por los espíritus que habitan sus bosques.

La persona que más ilusión me hacía conocer era mi abuela quien no sabía que sufría de cataratas. Los médicos le recomendaron que por su avanzada edad era mejor que no se operara. Sabía que no podía comunicarme con ella ya que no conocía el ilocano, pero no sobraron gestos para demostrarme que podíamos comunicarnos con más o menos facilidad. Se tratan de momentos tiernos que nunca olvidaré ya que únicamente la conocía de fotografías que mi madre guardaba celosamente. Ella únicamente me pidió un favor y era que le comprara las gotas para la vista. Yo, con mucho gusto, le compré para varios meses, así no tendría que estar por un tiempo con la preocupación de que alguien fuera a buscarlas. Su alegría fue enorme al ver el montón de potes que le había comprado, parecía una niña pequeña con zapatos nuevos. Fueron momentos como aquellos los que hacen que me emocione todavía ahora al pensar que mi viaje no sólo era físico sino también interior, en búsqueda de mis orígenes, en búsqueda de saber quién soy.

Obtuve multitud de respuestas respecto a por qué soy distinta a los demás y a lo bonito de serlo, en lo rica que soy por tener otra educación además de la española. Aprendí lo esencial de las cosas, el amor por las cosas simples y sencillas que llegan hasta lo más profundo del corazón y el valor de la familia como nunca había sentido. Llegué a la conclusión que formaba parte de una mayúscula prole en la que hasta el conductor de un autobús cualquiera también podía ser familiar mío. Para los Palino no existe el rol de un único padre, madre, primo o hermano. Allí todos éramos susceptibles de convertirnos en padres o madres por un día de pequeñines de apenas cinco meses, o primos de desconocidos que visitaban, comían e incluso dormían en casa. Tenías la sensación de que a lo largo de la carretera que lleva a las localidades de San Isidro, Peñarrubia y Villaviciosa todos eran o tenían en parte nuestra sangre. Cualquier persona de la calle podía saludarte y preguntarte «hola, ¿qué tal estás? ». El sentido de comunidad existía allí en su mayor expresión, la colaboración entre vecinos era evidente. Les envidié por lo poco que tenían y lo ricos que eran a nivel de valores, aunque ellos piensen que lo importante es tener dinero, como ven en las películas y telenovelas. Ellos no saben que ellos son los verdaderos afortunados.

Cuando Magallanes conoció a Lapu-Lapu

Photo credit: shankar s. via Flickr.com / CC BY-SA

Magallanes y su amor por la navegación y la exploración de nuevos mundos lo llevaron a intentar la primera circunnavergación a la Tierra. Tenía claro que no iba a ser tarea fácil sobre todo por los peligros que le esperaban en cada rincón del planeta. Después de un par de años de años de travesía por América decidió proseguir su viaje tras su paso por el Río de la Plata y por un estrecho que acabaría teniendo su nombre. Pasaron meses en los que el hambre, la desesperación y las enfermedades eran el pan de cada día. Tras cruzar el estrecho de Magallanes llegaron al océano Pacífico, nombre que le otorgaron tras comprobar que la mar era muchísimo más calmada que la de Atlántico. Llegaron a las diminutas islas de Guam y descubrieron la hospitalidad de sus habitantes. Allí pudieron coger fuerzas y aprovisionarse de alimentos que les ayudarían a proseguir la aventura.

Prosiguieron con el viaje durante varios días hasta llegar a la isla de Mactán. No podían creer lo que veían: una infinita playa de arena blanca cubría el agua verdoso y azulado. Tal estampa les hacía pensar que se encontraban en el paraíso. Pronto fueron avistados por los habitantes del lugar y estos les dieron una cálida bienvenida con flores y comida típica. Fernando y sus navegantes se sentían abrumados ante tanta hospitalidad pero aceptaron de buen agrado sus obsequios, llevaban días sin tener algo que meterse en la boca por lo que cualquier manjar, por extraño que fuera, era bien recibido.

Tuvieron audiencia con Lapu-Lapu, el califa que velaba por la seguridad de esas tierras. Les recibió con una reverencia y les preguntó cómo habían llegado a sus playas. Magallanes le contó que venían de más allá del océano Pacífico, de otras tierras inimaginables y que viajaban por orden de la corona española. Su cometido era otorgar a España nuevas rutas de navegación para poder competir con las rutas portuguesas y evitar así pagar altos precios por circular por esos itinerarios. Le explicó también que recibía gran apoyo por parte de la iglesia católica por lo que a cambio su cometido era difundir el mensaje de Dios como ya lo había hecho en el continente americano.

Lapu-Lapu tras escuchar sus intenciones vio con buenos ojos que esos hombres de tierras lejanas se instalaran por un tiempo en la isla, pero que vivieran como uno más de sus habitantes. Magallanes aceptó a regañadientes el ofrecimiento, se alejaba de los planes que tenía previstos para el precioso enclave. Durante semanas ayudaron en los quehaceres de la comunidad, cazaron, cultivaron y pescaron para poder alimentarse y durmieron bajo la luz de la luna y sus estrellas.

Lo que nunca pudieron aceptar los marineros era venerar a Alá, eso iba contra sus principios. El califa, al ver que tenían ciertas reticencias a compartir el mismo Dios, pensó que podría intentar hacerles ver que habían muchos puntos que les acercaban ¿pero cómo podía abrirles los ojos? ¿Cómo podía ayudar a crear un mejor ambiente entre sus ciudadanos y esos visitantes de piel tan blanca?

Decidió que la mejor opción sería ser él mismo el ciudadano ejemplar. Se pondría en la piel de Magallanes y conocería su religión y, tras una breve incursión, le explicaría a Fernando los valores que realmente les unían. Magallanes al descubrir su feroz empeño pensó que él también podría aprender qué era eso del islam y así entender por qué la iglesia estaba tan empeñada en evangelizar. Tras un mes y medio intenso de intercambio decidieron poner en común sus conclusiones: coincidían en que había un ente por encima de ellos que dirigía sus destinos, que debían cuidar su relación con él a diario y que todos los actos que realizaban debían estar capitaneados por el amor.

El año que pasó Magallanes en Mactán le convirtió en un hombre nuevo y a sus tripulantes también. Muchos de ellos formaron una pequeña familia mestiza y se quedaron de por vida en el paraíso terrenal. Otros, como Magallanes, hizaron las velas y partieron rumbo a España llenos de conocimientos que les hicieron sentir ricos en espíritu. La relación entre ambos líderes perduró en el tiempo de tal manera que los habitantes de la isla estaban convencidos de que ambos nunca habían muerto, sino que se habían convertido en estatuas gracias a esa fantástica amistad. Se creía que la estatua el portugués estaba en su ciudad natal mientras que el del filipino estaba junto a la orilla, siempre velando por sus ciudadanos.


 Nota: Os dejo aquí lo que realmente le pasó a Magallanes tras su visita a Mactán y qué es lo que opinan en la actualidad los filipinos de Lapu-Lapu.  

Teju Cole y la novela errante

Photo credit: Lorianne DISabato via Flickr.com / CC BY-SA


El pasado jueves 20 de abril se celebró en el marco del festival de literatura Kosmopolis un diálogo sobre la novela errante entre Teju Cole y Enrique Vila-Matas. La programación de este festival reúne diálogos, conferencias, proyecciones y tertulias entorno al mundo literario. Coincidiendo con Sant Jordi, el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB) ha celebrado este evento, una forma para mí de conocer a Teju Cole ganador del premio Hemingway / PEN en el año 2012 con su novela Open City

Hace un par de semanas apunté en mi calendario esta fecha sin saber bien bien en qué consistiría esto de la novela errante y sin conocer ninguno de sus protagonistas. Debo reconocer que el hecho de conocer a un escritor nigeriano de cerca es lo que me motivó a acudir al evento. Iba a ir así, a ciegas, tras algo más de ocho horas de trabajo y dudosa de si merecía o no la pena acudir con el cansancio que llevaba encima. Así que acudí una vez más al CCCB, un lugar al que soy asidua. Me sorprendió ver a tanta gente haciendo cola para oir lo que tenían que decir Teju Cole y Enrique Vila-Matas respecto a la novela. Me preguntaba si venían por Teju o por Enrique y también por eso de la novela errante, un concepto que a mi modo de ver tenía más que ver con algo móvil que estático, ¿pero una novela podía estar en movimiento?

El diálogo comenzó un poco más tarde de las ocho y tuvo una duración de una hora y media lleno de dudas respecto al turno de palabra, un ¿ahora voy yo o tú? y de risas gracias a las intervenciones del conductor del evento Jordi Nopca y Enrique Vila-Matas que parecía encantado de conocer al escritor de una de las novelas que le habían marcado más en estos últimos años. 

Teju Cole nos habló del concepto de walking novels del cual es un fiel ejemplo Open City. Según él, al andar no solo se adquiere movimiento sino también experiencia sobre todo si uno puede pasear por distintas ciudades como es su caso. En un inicio él andaba porque no tenía dinero para ir en coche o en transporte público y convirtió eso en la cualidad de poder evadirse de la realidad, del pensamiento, de uno mismo. Andar es similar a respirar, si somos conscientes de que respiramos, deberiamos serlo también de nuestro andar. Teju Cole, como bien dice, escribe sobre el proceso de escribir y acuña la idea del consciousness in literature. Comenta que en varias entrevistas le han preguntado por el rastro de su herencia nigeriana en sus obras y él siempre comenta que no encontrarán referencias al pueblo yoruba en ellas, pero sí encontrarán las huellas de Dubliners de James Joyce. Incluso afirma que escribe en dublinés, esa es su lengua.

Le preguntan si lee poesía y si se ha atrevido alguna vez a cultivarla. En este caso su respuesta es tajante: la poesía muestro las cosas tal y como son sin maquillaje y luces que lo encumbren. La poesía lleva la palabra a lo esencial de las cosas. Por otro lado, no se ve escribiendo este tipo de literatura ya que le merece mucho respeto y no cree que pueda llegar a tan alto nivel como con sus narraciones, pero en cambio, utiliza la sensibilidad y las imágenes que le brinda la poesía para escribir prosa. Parece que para él es una herramienta más dentro de su proceso creativo al igual que el arte tiene también total influencia en él. De sus años como estudiante de historia del arte ha aprendido a describir con minuciosidad, a saber ver con ojos objetivos las cosas de cerca y a saber apreciar los detalles y matices de lo que le rodea.
Como véis, la tarde del pasado jueves fue todo un paseo literario y diría también un descubrimiento para mí ya que nada más finalizar el evento me dirigí a la recepción del CCCB a comprar los dos libros que tiene actualmente publicados en español: Ciudad abierta y Cada día es del ladrón. Teju Cole me ha cautivado totalmente y más aún con mis dos libros comprados y dedicados, ¿qué más puedo pedir? Una vez haya leído ambas novelas os dejaré mi crítica aquí para que podáis decidir si ha merecido la pena su compra. Sin duda os animo a que le déis una oportunidad a este fantástico escritor que tiene mucho que decir sobre las ciudades en las que vivimos y nuestra sociedad.



Entrevista a Jordi Sierra i Fabra en el Book Con BCN



El fin de semana anterior tuvo lugar la primera edición del Book Con BCN un evento que se encuadraba dentro de Món Llibre, una fantástica iniciativa del Ajuntament de Barcelona para promover la lectura entre los más jóvenes. Me enteré del Book Con BCN a través de Twitter por casualidad y pensé que sería una buena oportunidad para aprender y expandir mi curiosidad. Los dos días y medio que duró aprendí de cada una de las actividades a las que acudí, pero hay una que me ha marcado por encima de las otras y es la entrevista que Andreo Rowling (autora de Otoño en Londres) realizó a Jordi Sierra i Fabra

Debo reconocer que no conocía a este superhéroe de la literatura. Le considero un superhéroe por su capacidad de profesionalizar la escritura hasta el nivel de haber publicado casi 500 novelas (se trata del escritor español más prolífico). Era conocidísimo por el público asistente, jóvenes de entre catorce y veinticinco años que le recibieron con el famoso saludo de Star Trek, ahora ya también conocido como el saludo de Sheldon Cooper... La primera impresión que me dio fue que parecía una persona accesible y jovial. Nos explicó su forma de trabajar, cómo se inició en la lectura y la escritura y nos dio un par de recomendaciones.

Su proceso creativo empieza por mantener las antenas activas como diría un profesor que tuve. ¿Y cómo las tiene activas? Pues lee el periódico a diario y ve películas no con el fin de informarse, sino para captar ideas, miles de ideas de las cuales cinco por ejemplo pueden ser buenas, pero solo de una puede salir un buen libro. Además, cree que viajar es importante para expandir nuestro horizonte de conocimiento de hecho, la mitad del tiempo lo podremos encontrar en alguna isla del Caribe.

A medida que la entrevista va avanzando percibo más cosas sobre su forma de ser. Le veo como una persona muy metódica, algo excéntrico y con mucha labia (nunca se sabe a donde van a parar sus respuestas). Algo que remarcó y que creo que es muy importante para que alguien tenga éxito en cualquier ámbito es el hecho de que siempre tuvo que quería ser escritor. Tener tan claro esto desde pequeño le hizo leer ávidamente y escribir relatos que sin duda le ayudaron a superar su tartamudez. Lo que su charla me recordó fue que no importa de donde vengas, si tienes claro lo que quieres lo conseguirás.

Su método de escritura es de lo más curioso: para él es un trabajo de 8 horas de donde saca al menos 20 páginas al día y le da mucha importancia a sus horas de sueño y al cine (mira entre una y dos películas a diario). Es capaz de escribir un libro en una semana y pide que se respete su obra dejándola intacta ya que como él bien dice hay que amar lo que se hace. Él escribe para aprender porque siempre antes de empezar se informa de lo que quiere relatar, él percibe sus novelas con los cinco sentidos y, si es necesario, viaja hasta el lugar para impregnarse de sus olores y sus ruidos algo que está claro que no podría nunca decirnos Google Maps.

Aprendí un par de conceptos como son escritores de mapa y escritores de brújula. Aún soy muy novata en este mundillo por lo que cualquier palabreja nueva me la anoto para tenerla presente ya que nunca se sabe lo que se puede sacar de esas ideas. Un escritor de mapa sería una persona que planifica desde principio a fin la estructura de su novela y no da pie a la improvisación, mientras que uno de brújula es más bien todo lo contrario, una persona que sabe cómo empieza su novela pero que va dándole forma a medida que avanza en su escritura. Para Jordi Sierra i Fabra, ya seas de mapa o de brújula, es importante tener instinto, intuición y disfrute de esta actividad ya que la literatura, como cualquier otro arte, proporciona libertad.

Para finalizar con el análisis de esta entrevista tan enriquecedora me quedo con algo que dijo y es que "hay quien marca tendencia y hay quien la sigue" y, en su caso como no, marca tendencia.

Os dejo un link de una de las numerosas entrevistas que concede a los medios donde explica precisamente todo esto que os acabo de transmitir y mucho más.

¿Qué es lo que más ha sorprendido de Jordi Sierra i Fabra? ¿Cómo creéis que se lo monta para ser tan prolífico?




Dolor de cabeza

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Este viernes 7 de abril se inauguró uno de los eventos de año en cuanto a literatura juvenil. Se trata del BookconBCN en el cual ha habido un montón de eventos cargados de sorpresas.


Uno de los primeros actos fue el Slam de Microrrelatos. Consistía en cuatro rondas de una temática concreta y en el que había que utilizar una determinada palabra. Contábamos con entre tres y cinco minutos para escribir y noventa segundos para leerlos. Ganaba el que mayor votación del público tenía. 

En mi caso participé en todas ellas. Este es el resultado del primer microrrelato de temática romántica y en que la palabra clave era sirena. Aquí os lo dejo:

Y la sirena volvía a sonar y yo una vez más intentando descansar. ¿Qué podía hacer? Únicamente su compañía calma mi mal humor.¿Hasta donde llegará su amor por mí?

Solo sé que la cama de este hospital ha cambiado mi vida para mal (sufro de cáncer) pero también para bien. Esa sirena me recuerda que todavía estoy vivo, que lucho por estarlo. Si no fuera por mi pareja yo ya hubiera muerto.

Equilibrio

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—Ahí está el tal Mohammad, pero no te acerques a él, este es su momento de reflexión.

—Vaya, había oído mucho sobre él, por ejemplo, que es un símbolo viviente de Alepo y de su destrucción continuada. He venido desde Damasco solo para contemplar como es su vida en medio de tanto caos. Tras la fotografía de Joseph Eid no he hecho más que cuestionarme el por qué de las pequeñas y grandes cosas. 

—Pues aquí lo tienes—me decía el guía de Bomberos Unidos. En Alepo sobran las bombas, los tanques, los escombros, los rumores, la muerte....y faltan alimentos, esperanza y sueños.

Entre aquellos que esperaban que el mundo cambiara estaba Mohammad. A sus setenta años lo había visto todo. Vio crecer su ciudad natal, Alepo, donde la prosperidad  guiaba el día a día de sus ciudadanos. Los jóvenes iban al campus de sus inmensas universidades a ampliar sus conocimientos y los no tan jóvenes dedicaban su tiempo a esos negocios que tanto fruto les habían dado durante décadas.

Ahora simplemente el hombre no tenía pasado ni presente y mucho menos pensaba en un futuro, le habían arrebatado todo lo que tenía y vivía a base de recuerdos falsos que le hubiera gustado tener. Se aferraba a lo único material que estaba en pie, su casa. Situada en un tercer piso, Mohammad se sentaba cada día en su habitación. Allí compartió vida con su mujer que desgraciadamente falleció tras un ataque kamikaze en el mercado municipal. ¿Qué podía hacer? Sentarse en su cama le ayudaba a mantener vivo su recuerdo, ¡cómo le encantaba aquel tocadiscos! Mohammad se lo compró a regañadientes pero el paso del tiempo y la guerra le ayudaron a comprender el valor de tres párrafos bien dichos, del silencio y de su ruido ensordecedor.

Mohammad no hace más que mirar por las ventanas resquebrajadas de su piso y pone en marcha su tocadiscos que parece resistir los bombardeos, está intacto. Hace días que no come ni se ducha, pero no le importa. Su melena es canosa y su barba también. Uno no sabe bien si fue la vejez o el estrés lo que provocó que sus espirales morenas se volvieran blancos como la nieve. 

Junto a él una pipa le acompaña donde quiera que va, es su  objeto fetiche (además del tocadiscos, claro está), pero desde hace unos meses no tiene nada que fumar. El cuerpo de la pipa está perdiendo significado, fuma interiormente. En esa acción encuentra paz y sosiego, en otras palabras, se traslada a otra época, al momento en que su mujer y él empezaron a salir juntos, Fuma dentro de su psique y se abstraye de todo lo demás. Pipa y tocadiscos forman una combinación perfecta, indisociable.

A medida que nos vamos acercando el marco del cuadro se hace más pequeño pero los detalles ganan nitidez. Su mirada está absorta , viaja hacia  un Alepo mejor donde la palabra esperanza cobra  sentido. Damos un paso más y vemos que los escombros le rodean, algunos trozos pequeños y otros más grandes capaces de matar a cualquiera. Damos otro paso y el olor se apodera denuestros pensamientos, el pobre Muhammad ya no lo percibe, su nariz ya no afina. Damos un último paso  y ya no vemos ni olemos, ya solo escuchamos. Escuchamos el silencio, la ausencia de los que un día habitaron la casa y ya no están. A medida que fijamos la mirada en él comprobamos que todo excepto su piso en la tercera planta no existe, ni su música, ni su tabaco ni su dios, nadie le acompaña en tan solemne ritual.

No tengo más preguntas

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Un cadáver se encontró en la espesura del bosque, las malas lenguas decían que su rostro era irreconocible. Algunos decían que se perdió en el bosque y que tropezó con una raíz de un árbol otros, que fue apresada por unos desconocidos y que, tras ser agredida duramente, fue dejada en ese lugar. Decenas de incógnitas empezaron a formularse pero ninguna parecía poderse despejar: ¿quién era? ¿Cuál era el motivo por el que su cuerpo se encontraba en el Kitmatukong? ¿Podía haberse evitado esta muerte?

El cuerpo sin vida de la joven fue levantado de la escena de lo que sin duda parecía ser un crimen, aunque faltaban por conocerse la causa de la muerte, el móvil del crimen y su posible perpetrador. Pasaron varios días hasta que pudo identificarse el cuerpo, algo que mantenía en vilo a la población de Luba. Una vez se supo que era la chica desaparecida de la familia Belandres, los habitantes del pueblo mostraron sus condolencias a los padres. El ritual de despedida sería como siempre, velando el cuerpo en la sala de estar de casa los días que hicieran falta hasta que todos los miembros de la familia llegaran a casa para su entierro. Cientos de personas acudieron al último adiós, muchas de ellas aportando una cantidad de dinero simbólica que sería utilizado para un entierro de Linda, que así se llamaba.

Por otro lado, a la misma vez que se le despedía las pesquisas policiales continuaban, liderados por el detective Cisneros, un respetado policía conocido por su incorruptibilidad, enfocado a un objetivo claro: la resolución de casos como este, el de asesinatos a priori de poca complicación. El detective entrevistó a la familia de la joven al completo, nada más y nada menos que veintidós personas con la misma consanguienidad. Todo lo que explicaban parecía cuadrar, Linda tenía una vida sana y unos hábitos muy saludables, formaba parte del comité organizador del festival conmemorativo del centenario de su provincia y no parecía tener ningún conflicto con nadie. Cisneros en ese momento se percató que los casos fáciles no existen. 

Tras la visita al hogar de la víctima decidió volver a su despacho para poner en claro la información, pero se sentía solo en la oficina, incapaz de transmitir sus miedos y preocupaciones a los demás, por lo que cargaba a sus espaldas un gran número de problemas que difícilmente no iban a ser compartidos, ¿qué podía hacer? Su carácter introvertido le hacía ver las cosas de otro modo, donde todo el mundo veía verde, él veía rojo. Llegó a ganarse la fama de atrevido por cuestionar lo que estaba establecido, le daba un toque de originalidad a sus casos, algo difícil de explicar en un gremio como el suyo, pero parecía que ya no llenaba las portadas de los periódicos. Los últimos casos que se le asignaron (como el de una tortuga boba desaparecida) no parecían interesar al público lector de Luba. Con este caso se le presentaba la ocasión de nuevo de volver a ser quien había sido a ojos de sus conciudadanos, una persona respetable, rigurosa y seria.

La investigación continuó su curso entrevistando a los compañeros que la joven tenía en el comité organizador, desde el director hasta las personas con las que trabajaba codo con codo: «¿Qué tal era Linda como compañera? ¿Se puede decir que se desvivía en cuerpo y alma por la organización? ¿Qué destacarías de ella?».

Todo parecía discurrir de forma fluida y conforme a lo esperado hasta que un comentario del presidente del comité puso a Cisneros en alerta:

—Yo de usted preguntaría a su novio o lo que fuera que tuviera, parece una persona muy oscura y violenta.
—¿Y qué le hace pensar que él tiene algo más que contar?—su mirada inquisitiva deseaba encontrar alguna contradicción en el interrogado— ¿Es posible que sepa más de lo que quiere hacer ver? He notado en su forma de hablar cierto resentimiento, entiendo que hubo algo más entre usted y la señorita Linda que no quiere que salga a la luz. Le comunico que no saldrá de aquí hasta que no me diga toda la verdad y tengo todo el tiempo del mundo.

—¡No es de su incumbencia!—sus gestos se volvían más nerviosos y parecía dubitativo, como si su máscara acabara de ser descubierta.

—Señor presidente, estamos en confianza. Pienso que su testimonio es clave para la resolución de este crimen, así que haga el favor de explicar lo sucedido—su tono continuaba siendo cordial, pero empezaba a impacientarse, temía estar frente al mismo asesino.

—Qué quiere que le cuente... Linda y yo...ella y yo...manteníamos....manteníamos una relación. ¿Es eso lo que quería saber? Pues ya tiene lo que quería...—de pronto el presidente del comité rompió a sollozar— usted no sabe cuanto la apreciaba, era mi mejor trabajadora y a la vez la compañera que yo buscaba. Sabíamos que nadie iba a entender... nuestra relación, habíamos planeado incluso... nuestra huida. Su familia nunca aceptaría el que dirá de la gente... ver a una Belandres con una persona cuarenta años mayor...todo el mundo pensaría que estaba por interés.

—¿Y no era así señor presidente?—en una intentona por descubrir la personalidad real del interrogado lanzó esta reflexión al aire—. ¿Por qué sino me dice que tiene un novio?

—¿Cómo se atreve a hacer semejantes preguntas? Yo pensaba que el amor que teníamos era puro, pero...después de unos meses...vi como Linda empezó a acercarse a Joshua, un joven que se incorporó al comité recientemente. Tenían una complicidad...que conmigo no tenía—pronunciaba esas palabras mientras su puño se cerraba, su impotencia no le dejaba pensar, el detective Cisneros le acercó una silla para que se sentara y tomara aire—. No soportaba ver como ella prefería estar con él...con todo lo que le había dado... Así que decidí esperarla al salir del comité y le dije que no me parecía bien que tonteara con el chico nuevo.

—¿Y la dejó marchar tras su conversación señor presidente?— Cisneros sabía que únicamente debía incidir poco para que confesara.

—No, a estas alturas ya debe saber qué es lo que hice...Yo la maté. y...me deshice del cuerpo. No quería que estuviera con nadie más que yo, nadie la apreciaría después de mí, así es como concibo el amor, el amor para siempre. Ya puede esposarme, nada me queda por contar, ahora solo debo esperar a reunirme con ella en el cielo.

—Pues si no tiene nada más que confesar aquí, lo hará en comisaría—le decía Cisneros mientras que le ponía las esposas alrededor de sus muñecas y se lo llevaba del despacho. Los pocos miembros del comité que todavía se encontraban en el lugar les siguieron con la mirada, a gritos de «¡asesino, asesino!».

El cmaso fue muy sonado, la prensa recalcó la sinceridad del acusado frente a lo que él pensaba que era más bien remordimiento. Su investigación tuvo notoriedad, pero su trabajo no fue ensalzado como a él le hubiera gustado. Por suerte y por desgracia, más casos le esperaban apilados en el escritorio. De repente, alguien picó la puerta de su despacho:

—¿Quién es? ¡Pase!—la puerta se abrió y apareció el padre de Linda Belandres.

—Detective Cisneros, vengo a confesar un crimen.

Si Chukwu quiere

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Olamide era una chica de pueblo que fue escogida entre decenas de chicas para ser la futura esposa de Imo. Para él este sería su tercer matrimonio, mientras que para ella sería el primero. Los padres de ella se sentían muy orgullosos ya que a cambio recibirían una dote cuantiosa: veinte cabras y diez vasijas de vino de palma. Sus otros dos hijos estaban ya casados con personas influyentes de los pueblos cercanos y parecía que Olamide no estaba muy por la labor. Su padre, Ibe, no veía con buenos ojos que soñara con atravesar el río Níger y descubrir esos lugares tan preciosos de los que hablaban los forasteros a caballo metálico. Quería acompañar a esas personas en su travesía por África. Sabía que corrían tiempos difíciles para las mujeres aunque eso era algo que debía guardarse para sí misma.


Imo provenía del poblado vecino donde era socialmente activo ya que era el jefe de la tribu, provenía de una larga saga de guerreros, tenía un estatus difícil de superar a menos que perdiera un enfrentamiento con alguna familia rival. Era alto, esbelto y muy astuto y conocía muy bien las habilidades de sus enemigos, como era el caso de Ibe. Sabía que le preocupaba su hija Olamide quien en varias veces intentó escaparse del poblado en busca de libertad. Por este motivo Imo, a cambio de paz, decidió pedirle la mano a la hija de Ibe. Ella tendría que convivir con sus otras dos mujeres, Onyinye y Mercy, además de sus hijos. Viviría bajo la protección de su marido por siempre y le daría unos varones fuertes que continuarían con el buen nombre de la familia. 


Los primeros meses en su nuevo hogar fueron espantosos y sufría numerosos desprecios por parte de Onyinye y Nnenne, no soportaban ver como acaparaba las atenciones de Imo haciendo que este pasara menos tiempo con sus hijos, parecía que la joven era su única mujer. Olamide vivía resignada con su nueva vida, veía como su esperanza de una vida libre no podía ser posible bajo el techo de su marido. Recibió visitas de su padre en las que le contaba lo mucho que deseaba darle un hijo a su esposo y hacerle feliz, ideas que ella misma ni siquiera había interiorizado dentro de sí misma. 


Los meses fueron pasando y ella no se quedaba embarazada, algo que a Imo parecía estar impacientarle. La chica empezó a sufrir humillaciones y palizas que siempre finalizaban tras la mediación de las otras dos esposas. No podía dar a luz, idea que se volvió la comidilla del poblado, sembrando la duda también en la posibilidad de que los anteriores hijos de Imo tampoco fueran suyos, dudaban tanto de Olamide como de él. 


Fue en ese tiempo cuando volvió a recordar aquello para lo que estaba hecha: para descubrir el mundo. En una de las reuniones a la que acudían todos los habitantes se hablaban de los terrores del hombre blanco que se producían a plena luz del día. Decían que habían conseguido hechizar con una vara a todo un poblado y logrado que flotaran en las aguas del Níger para llevarles a tierras de nombres impronunciables, lugares nunca vistos por sus guerreros. Se hicieron invocaciones a Chukwu para que les protegiera y diera fuerzas para la batalla. Se decía que cabalgaban sobre caballos que nunca morían, que no sangraban. Contaban con dos patas que les hacían muy veloces, difícilmente alcanzables por sus lanzas. Los cuerpos de estos caballos ni siquiera se descomponían una vez heridos, parecían estar poseídos por el diablo.


Olamide tras la charla multitudinaria se adentró hacia el bosque en busca de agua, donde encontró una especie de serpiente inerte, que no tenía ni principio ni final, la tocó con un palo pero no se movía. Pensó en palparla, su tacto era totalmente distinto a todo lo que había conocido hasta el momento, era frío y vacío por dentro, hueco. Tal era su curiosidad que pensó en morderlo, pero no podía hacerse con un pedazo, en aquel instante llegaron varios hombres blancos que la rodearon sentados sobre sus caballos:


—¿Véis lo que os decía? Esta gente es muy rara, ¿qué hace mordiendo el cuadro de esa bici?


—Quizá sea porque es la primera vez que ve una, ¿no crees? —comentaba el otro extraño en un idioma difícil de descifrar—. Dime chica, ¿te gusta ese cuadro? Yo también creo que es bonito — le preguntaba a Olamide como si pudiera entenderla.


De pronto la joven se sintió confundida, perdida, alterada. El encuentro fortuito con esos hombres hizo que perdiera el conocimiento y estos aprovecharon para llevársela a su campamento. Allí recobró sus fuerzas rodeada de gente que no conocía. Vivían en casas muy frágiles donde el calor se notaba al máximo y su vestir...su vestir era curioso, llevaban ropa de colores difíciles de conseguir aquí. Tras su despertar veía como todo el mundo a su alrededor la observaba.


—Hola, me llamo John. ¿Kedu? —se le acercó un chico joven, con ropa blanca que parecía ser el hechicero del poblado, era como ella pero a la vez diferente.


—¿Hablas mi lengua? ¿Qué hago aquí? ¿Dónde estoy? ¡Quiero volver a casa! —en su voz podía sentirse el terror, la incertidumbre.


John le explicó que él también era igbo y que un día, como a ella, le encontraron perdido en el bosque y le llevaron a este campamento. Le explicó que solo recibió buen trato de los forasteros, que incluso se lo llevaron de viaje, más allá del Níger, a un lugar frío y gris donde hizaba una gran torre que decía dar la hora. Allí le trataron como a uno más, por lo que decidió ayudarles a conocer, una vez de vuelta, sus tierras en agradecimiento a su hospitalidad.


—Puedes irte si quieres, eres totalmente libre de hacerlo, pero aquí ya nunca tendrás que preocuparte por casarte y tener hijos —John se lo decía mientras le tendía la mano con fuerza a modo de reconfortarla—. Me dijeron los que te encontraron que tenías mucha curiosidad por el cuadro de una bicicleta, ¿sabes lo que es?


—No sé que me estás diciendo, yo vi una serpiente inerte en el suelo. Pensé simplemente en asegurarme que estaba muerta, nada más. Un mordisco de estos bichos, te puede matar. Por favor, convence a estos hombres para que me dejen libre y volver así con mi marido, debe estar muy furioso y seguro que todo el pueblo me está buscando —su tono era cada vez más desesperante, consciente de que ya no podía volver a casa. A la luz del día podía ver que se encontraba muy lejos, la vegetación era distinta a la que podía encontrarse en su hogar —. Dime, ¿dónde nos encontramos?


—Estamos en Port Harcourt, más allá del Níger. Has estado dos semanas con delirios y fiebre muy alta. Los amos han pensado que lo mejor era traerte a este hospital de campaña para tu recuperación. Aquí, si quieres, puedes ser libre y descubrir mundo si es lo que deseas. Nadie va a venir a buscarte, esto está demasiado lejos. Una vez recuperada, con la voluntad de Chukwu, puedes intentar volver a casa. Parece ser que hay unos comerciantes que pronto dejarán este lugar para dirigirse al oeste, únete a ellos si eso es lo que deseas. Yo, por mi parte, volveré a ese poblado gris y sombrío, dicen que tienen un plan para mí para ayudar a los igbo.
—¿De verdad nadie me va a buscar? Siempre he querido conocer más allá del Níger y ahora que me encuentro aquí no tengo palabras. Me hubiera gustado despedirme al menos de mi familia, mi madre, padre y hermanas deben estar preocupados por mí. No saben que yo estoy aquí —aseguraba con firmeza a la vez que empezaba a imaginarse este nuevo escenario, donde parecía que podría hacer realidad su idea de descubrir nuevos horizontes.


Pasaron semanas y John y Olamide continuaban en el mismo Port Harcourt, parecía que sus amos habían escrito otro destino para John, no iba a ser trasladado de nuevo a las tierras grises, sino que junto a Olamide y otros cincuenta igbos más, flotaría las aguas hacia un lugar todavía más lejano. Lo llamaban América y los rumores decían que uno nunca volvía, ni siquiera nadando. Allí serían hombres y mujeres libres bajo la supervisión de sus amos, ayudándoles a que sus tierras proliferaran. Ambos descubrirían el mundo, sí, pero nunca obtendrían sus almas la libertad, algo muy oscuro y terrible les aguardaba, algo que estaba fuera de su concepción del universo, fuera de la órbita de Chukwu. Allí él no podía ayudarles, ni él, ni sus familias ni sus guerreros.

Quiéreme si te atreves

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Julien y Sophie seguían amándose aunque el destino no les dejaba estar juntos. Ahora la caja estaba en manos de Sophie, debía pensar en un nuevo reto para Julien como hicieron en su infancia y adolescencia y, como siempre, formular la frase cap ou pas cap? (¿capaz o incapaz?) a la que sabía que Julien respondería cap. Ha pasado mucho tiempo desde que se vieron por última vez, a propósito de la caja de metal, fue hace dos años cuando Julien le preguntó:

—Cásate conmigo, ¿cap ou pas cap? —pronunció esas palabras lazándole de repente la caja a Sophie, pero ella no fue a su rescate, dejó que rodar y rodara hasta llegar calle abajo.

—¿Estás loco? ¿Cómo me pides semejante tontería? Sabes que estoy con Paul para alejarme de ti y ahora vienes con esta sandez —Julien nunca la había visto tan enfadada. Sus apuestas eran arriesgadas y esta se llevaba la palma.

Tras una fuerte discusión las vidas de ambos tomaron caminos muy distintos. Sophie sentía rabia por la proposición de Julien ¿por qué no se lo había ofrecido antes? Así que puso todo su empeño en pensar un reto que le fastidiese a él también.

Fue a su casa y picó al timbre, pero no fue él quien abrió la puerta sino su esposa Sylvie:

—Hola ¿a quién buscas?

—A Julien, tu marido —respondió Sophie con un gesto de rabia y dirigiendo su mirada al anillo de diamantes que lucía.

—Pues ahora no puede salir, disculpa...

—¡Pues sí va a venir! Julien, ¿me oyes? ¡Soy Sophie! —gritaba mientras la puerta se entrecerraba y la aguantaba para que no acabara en portazo.

—¿Qué pasa Sylvie? ¿Qué es todo este jaleo?

—Julien, ella no quiere que nos veamos, me ha dicho... me ha dicho que no estabas y yo... yo solo quería darte esto —decía Sophie sollozando y mostrándo la cajita de hojalata.

—-Gracias, pero no tenías por qué hacerlo. Disculpa, pero tengo cosas que hacer, debo volver adentro —cerró la puerta con fuerza no sin antes recoger el objeto de las manos de su ex amiga y compañera.

Los días pasaron y nada sucedió, él deseaba que pasara el tiempo, dejar que las cosas vinieran por sí solas. Odiaba ver día tras día esa caja dentro de su mesita de noche, no obstante, tras una fuerte discusión con Sylvie, decidió abrir su tapa. En ella había un pequeño papel que decía:

VEN A VERME, ESTARÉ TODOS LOS DÍAS ESPERÁNDOTE EN EL CAFÉ MARTIN A LAS CINCO ¿CAP OU PAS CAP?

En ese momento eran las cuatro y media y pensó que sería buena idea revivir esos momentos de locura con ella, la relación con su mujer iba de mal en peor y no soportaba sus celos enfermizos. Estaba convencida que él la dejaría por su amiga de la infancia, aquella que siempre tenía en boca. Julien se apresuró para darse una ducha y vestirse con sus mejores galas, pero sin pasarse (no quería que ella viera que todo iba a ser fácil a partir de ahora). 

Llegó a las cinco y cinco y ella estaba allí, esplendorosa como siempre. Decidió mirarla a través de la ventana, algo que sin querer le hizo esbozar una inocente sonrisa  y fue entonces cuando Sophie le cazó in fraganti. Él entro y empezaron a hablar de lo que había pasado en estos dos años de separación y cómo lo habían llevado uno y otro. Los primeros instantes fueron tensos aunque poco a poco el ambiente se fue distendiendo. 

—Llevo esperándote aquí tres meses, día tras día. Me alegro que finalmente hayas decidido venir. Nuestro último intento por seguir juntos para siempre fue una locura: ¡dejar que el cemento nos sepultara en los cimientos de una construcción!

—¿Entonces qué propones? Ya sabes que ahora te toca a ti retar a lo grande, igualar o mejorar mi estúpida idea.

—¿Estás seguro que eso es lo que quieres? Pues perfecto, tengo una idea brillante: qué tal si fingimos nuestra muerte y huimos a una isla paradisíaca para empezar de cero?

—¿Ah sí? ¿Y cómo fingirás nuestras muertes, eh?

—Pues con un veneno muy potente que he comprado, ¿lo ves? —mostrando su contenido a Julien- lo que hace es que causa la muerte inminente pero al cabo de cinco horas revive a aquel que se lo toma.

—¿De dónde sacas estas locas ideas?

—Dime, ¿aceptas? ¿Sí o no?- Sophie parecía impacientarse por momentos. Su idea era muy descabellada pero sabía que él aceptaría, su vida se había vuelto extremadamente monótona.

—Sabes bien que el no no existe para ti.Claro que sí acepto Sophie, acepto ir a cualquier sitio que vayas siempre que estemos juntos.

—Vale, pues ahora tómate esto. ¡Buena suerte!

El efecto fue instantáneo, ambos cayeron desplomados al suelo y el café Martin se llenó de ambulancias  y curiosos. Estaban clínicamente muertos y los varios intentos de reanimación no funcionaron, no se podía hacer nada por ellos. Sus cuerpos yacían inertes en la morgue esperando ser revividos, pero lo que Sophie no le contó a Julien es que no había vuelta atrás, odiaba todo lo que él representaba. Esos dos años de ausencia se habían vuelto eternos y esperaba devolverle con la misma moneda todo lo que le había hecho sufrir acabando con su vida, sus vidas. Así ya no tendría que alimentar sus recuerdos ni pensar más retos para retroalimentar su amor. Fue en ese momento cuando Sophie eligió por última vez retarle y contestar por él pas cap.

*Para los curiosos, la escena final de la película Quiéreme si te atreves era la siguiente:




El lenguaje de su cuerpo

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Como cada día Juan se disponía a entrar al trabajo con un café en sus manos, algo que le activaba de buena mañana. Salía del establecimiento donde habitualmente compraba su agitador emocional. Le dio un pequeño sorbo a ese expresso que tanto ansiaba, saboreaba los escasos minutos que le faltaban para su vuelta a la rutina con tan mala suerte que cayó sobre su cabeza una gran pieza de metal de una obra por la que justo pasaba. Inmediatamente fue hospitalizado al centro más cercano. El personal del recinto médico temía por su vida ya que el golpe le causó una fuerte conmoción, pero pudo ser trasladado a otra planta al no correr ningún peligro. Se le hicieron varias pruebas para confimar que no sufriera ninguna secuela, todo parecía estar correcto, aunque poco a poco fue perdiendo la memoria. No sabía quién era, a qué se dedicaba, dónde vivía... Solo recordaba que no tenía nadie a quien recurrir. Se encontraba totalmente solo en este mundo a pesar de la vida activa que llevaba. 

Realizó ejercicios recomendados por su doctor para mejorar su situación, aunque las técnicas no funcionaban. Al final de cada día, tras cerrar sus ojos en un profundo sueño, su cerebro borraba todo aquello que había almacenado aquel día. Su nivel de desperación era tal que un buen día creyó obtener la solución a sus problemas: el mundo del tatuaje. Aquellos garabatos para toda la vida podían ayudarle en su recuperación, información básica por ejemplo, que no debería volver a escribir cada día y guardar en el bolsillo de su pantalón. Su cuerpo hablaría por él. Su nombre, su fecha de nacimiento y su residencia estarían siempre marcadas en el interior de su muñeca izquierda. En la otra, los nombres de los amigos que había ido haciendo tras su accidente. Consiguió una tarifa especial con su tatuadora, le estremeció su historia y la forma de afrontar su grave problema:

-Es muy encomiable el modo en que afrontas tus dificultades. Ni siquiera yo que estoy en este mundillo me atrevería a hacer algo así, exponer todos mis recuerdos por mi cuerpo.

-Lo sé, es una idea descabellada pero no tengo ninguna otra opción, es esto o revivir mis carencias día tras día y nunca avanzar.

Fue así como Juan emperzó un proceso de cambio interior y exterior que culminó con su cuerpo repleto de frases y dibujos que recordaban cada uno de los hitos que había conseguido, un breve repaso de diez minutos le bastaba para recordar aquellas cosas que más importaban, la familia que había formado junto a su tatuadora y su gran labor social ayudando a aquellos que tras tragedias medioambientales eran olvidados. Pintó en su espalda las siluetas de los países que había visitado junto a una frase que describía el objetivo que debía perseguir cada día: que nadie nunca fuera olvidado.