Lejos, muy lejos

Una niña juega con una cometa en la oscuridad a la luz de la luna cerca de un río.
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La niña agarraba la borla bajo la atenta mirada de su padre.

—¡Ahora! —con prisa se apresuraba a indicarle el momento en que debía lanzarla al vuelo, pero la cometa no conseguía despegar.

—¡Ahora! —volvió a repetir unas cuatro veces más. Todo parecía ser en balde así que tendrían que dejarlo para otro día.

Observaba con atención los movimientos de su hija cuando de pronto la cometa se convirtió en un astro fugaz que se le había escapado de las manos. Había cobrado vida y ahora subía y bajaba el extenso cielo azul hasta perderla de vista. El escenario oscureció y el objeto cobró luz poco a poco hasta alejarse en el infinito.