Se dejó la chaqueta en el bar

Escultura en San Francisco de un arco con una flecha que impacta contra el suelo de un parque.


Recibió una llamada inesperada que cambió su semblante. Al otro lado de la barra estaba ella aburrida, un fin de semana más sin pena ni gloria. Sus cafés y su sonrisa eran lo mejor de aquel lugar. Al ver que aquel cliente se olvidaba aquello corrió tras él, pero este se subió a un taxi dejando un reguero de tristeza en la amable camarera. 

El día acabó y las luces del bar se apagaron y con él las esperanzas de devolver esa chaqueta que tan bien olía. Al salir, una fina lluvia cubría las calles de Madrid y se cubrió la cabeza con el abrigo. De golpe, la lluvia cesó gracias a un paraguas rojo. Allí estaba él con una leve sonrisa en busca de su objeto perdido y quién sabe si conociendo también a su alma perdida.